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domingo, 10 de septiembre de 2017

MARIA MADRE DE DIOS




Santísima Virgen María - María, Madre de Dios
Por EWTN
La Iglesia Católica quiere comenzar el año pidiendo la
protección de la Santísima Virgen María. La fiesta mariana más
antigua que se conoce en Occidente es la de "María Madre de
Dios". Ya en las Catacumbas o antiquísimos subterráneos que
están cavados debajo de la ciudad de Roma y donde se reunían
los primeros cristianos para celebrar la Misa, en tiempos de las
persecuciones, hay pinturas con este nombre: "María, Madre
de Dios".
Si nosotros hubiéramos podido formar a nuestra madre, ¿qué
cualidades no le habríamos dado? Pues Cristo, que es Dios, sí
formó a su propia madre. Y ya podemos imaginar que la dotó
de las mejores cualidades que una criatura humana puede
tener.
Pero, ¿es que Dios ha tenido principio? No. Dios nunca tuvo
principio, y la Virgen no formó a Dios. Pero Ella es Madre de
uno que es Dios, y por eso es Madre de Dios.
Y qué hermoso repetir lo que decía San Estanislao: "La Madre
de Dios es también madre mía". Quien nos dio a su Madre
santísima como madre nuestra, en la cruz al decir al discípulo
que nos representaba a nosotros: "He ahí a tu madre", ¿será
capaz de negarnos algún favor si se lo pedimos en nombre de
la Madre Santísima?
Al saber que nuestra Madre Celestial es también Madre de Dios,
sentimos brotar en nuestro corazón una gran confianza hacia
Ella.
Cuando en el año 431 el hereje Nestorio se atrevió a decir que
María no era Madre de Dios, se reunieron los 200 obispos del
mundo en Éfeso (la ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus
últimos años) e iluminados por el Espíritu Santo declararon: "La
Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es
Dios". Y acompañados por todo el gentío de la ciudad que los
rodeaba portando antorchas encendidas, hicieron una gran
procesión cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por
nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén".
El título "Madre de Dios" es el principal y el más importante de
la Virgen María, y de él dependen todos los demás títulos y
cualidades y privilegios que Ella tiene.
Los santos muy antiguos dicen que en Oriente y Occidente, el
nombre más generalizado con el que los cristianos llamaban a
la Virgen era el de "María, Madre de Dios".
Benedicto XVI, 2008
"El título de Madre de Dios, tan profundamente vinculado a las
festividades navideñas, es, por consiguiente, el apelativo
fundamental con que la comunidad de los creyentes honra,
podríamos decir, desde siempre a la Virgen santísima. Expresa
muy bien la misión de María en la historia de la salvación.
Todos los demás títulos atribuidos a la Virgen se
fundamentan en su vocación de Madre del Redentor, la
criatura humana elegida por Dios para realizar el plan de la
salvación, centrado en el gran misterio de la encarnación
del Verbo divino.
Y todos sabemos que estos privilegios no fueron concedidos a
María para alejarla de nosotros, sino, al contrario, para que
estuviera más cerca. En efecto, al estar totalmente con Dios,
esta Mujer se encuentra muy cerca de nosotros y nos ayuda
como madre y como hermana. También el puesto único e
irrepetible que María ocupa en la comunidad de los creyentes
deriva de esta vocación suya fundamental a ser la Madre del
Redentor. Precisamente en cuanto tal, María es también la
Madre del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Así pues,
justamente, durante el concilio Vaticano II, el 21 de noviembre
de 1964, Pablo VI atribuyó solemnemente a María el título de
"Madre de la Iglesia".
Precisamente por ser Madre de la Iglesia, la Virgen es también
Madre de cada uno de nosotros, que somos miembros del
Cuerpo místico de Cristo. Desde la cruz Jesús encomendó a su
Madre a cada uno de sus discípulos y, al mismo tiempo,
encomendó a cada uno de sus discípulos al amor de su Madre.
El evangelista san Juan concluye el breve y sugestivo relato con
las palabras: "Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su
casa" (Jn 19, 27). Así es la traducción española del texto griego:
εiς tά íδια; la acogió en su propia realidad, en su propio ser.
Así forma parte de su vida y las dos vidas se compenetran. Este
aceptarla en la propia vida (εiς tά íδια) es el testamento del
Señor. Por tanto, en el momento supremo del cumplimiento de
la misión mesiánica, Jesús deja a cada uno de sus discípulos,
como herencia preciosa, a su m




SEPTIEMBRE MES DE LA BIBLIA





Septiembre mes de la Biblia
La intención es que durante este mes, en todas las comunidades cristianas, se desarrollen algunas actividades que nos permitan acercarnos mejor y con más provecho a la Palabra de Dios.
Propuestas para escuchar la Palabra
1. La lectura diaria de los textos bíblicos litúrgicos es una excelente ayuda para profundizar en la Palabra de Dios. De esta manera nos unimos a toda la Iglesia que ora al Padre meditando los mismos textos. También nos acostumbramos a una lectura continuada de la Biblia, donde los textos están relacionados y lo que leemos hoy se continua con lo de mañana. La lectura diaria de los textos (para lo cual Liturgia Cotidiana es una excelente herramienta) constituye una "puerta segura" para escuchar a Dios que nos habla en la Biblia.
2. - ¿Has leído alguna vez un evangelio entero "de corrido"? Es muy interesante descubrir la trama de la vida de Jesús escrita por cada evangelista. Muchos detalles y relaciones entre los textos que cada evangelista utiliza quedan al descubierto cuando uno hace una lectura continuada. Este mes es propicio para ofrecerle a Dios este esfuerzo. Te recomendamos la lectura del evangelio de Marcos. No es muy largo, en unas horas se puede leer. Al ser el primero de los sinópticos, los otros (Mateo y Lucas) lo siguen en el esquema general. Por lo tanto es una muy buena "puerta de entrada" al mensaje de Jesús.
3. Otra posibilidad para poner en práctica este mes (y tal vez iniciar un hábito necesario y constructivo) es la oración con los salmos. Los mismos recogen la oración del pueblo de Dios a lo largo de casi mil años de caminata del pueblo de Israel. Nos acercan la voz del pueblo que ora con fe, y la palabra de Dios, que nos señala esta manera de orar para acercarnos y escuchar sus enseñanzas. En los salmos podemos encontrar una inmensa fuente de inspiración para la oración. Hay salmos que nos hablan de la alegría, de las dificultades y conflictos, de la esperanza, del abatimiento, del dolor, de la liberación y la justicia, de la creación, de la misma Palabra de Dios (salmo 118, el más largo de todos). Aprender a rezar con los Salmos es una "puerta siempre abierta" para el encuentro con el Dios de la Vida.
4. La lectura orante de la Palabra, realizada en comunidad, nos pone en sintonía con la voluntad de Dios. Es un ejercicio clave para el crecimiento en la fe. La fuerza de la comunidad nos alienta para encontrar en los textos la fuerza del Espíritu. Todos aprendemos juntos y nos enriquecemos con el aporte de cada uno. Existen muchos métodos de lectura orante. Simplificando al máximo podemos decir que los siguientes cuatro pasos son los más comunes:
Lectura
Meditación
Oración
Compromiso
La lectura orante siempre desemboca en un desafío para vivir. La Palabra de Dios nos desafía a seguir los pasos de Jesús y cambiar nuestra vida.
La lectura orante, practicada en comunidad, es una "puerta-espejo" que nos interpela y nos ayuda a discernir cómo vivir y practicar su Palabra en nuestros días.

"Tampoco faltan rebrotes peligrosos de fideísmo, que no acepta la importancia del conocimiento racional y de la reflexión filosófica para la inteligencia de la fe y, más aún, para la posibilidad misma de creer en Dios. Una expresión de esta tendencia fideísta difundida hoy es el « biblicismo », que tiende a hacer de la lectura de la Sagrada Escritura o de su exégesis el único punto de referencia para la verdad. Sucede así que se identifica la palabra de Dios solamente con la Sagrada Escritura, vaciando así de sentido la doctrina de la Iglesia confirmada expresamente por el Concilio Ecuménico Vaticano II.
La Constitución Dei Verbum, después de recordar que la palabra de Dios está presente tanto en los textos sagrados como en la Tradición, afirma claramente: « La Tradición y la Escritura constituyen el depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia. Fiel a dicho depósito, el pueblo cristiano entero, unido a sus pastores, persevera siempre en la doctrina apostólica ». La Sagrada Escritura, por tanto, no es solamente punto de referencia para la Iglesia. En efecto, la « suprema norma de su fe » proviene de la unidad que el Espíritu ha puesto entre la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia en una reciprocidad tal que los tres no pueden subsistir de forma independiente.
No hay que infravalorar, además, el peligro de la aplicación de una sola metodología para llegar a la verdad de la Sagrada Escritura, olvidando la necesidad de una exégesis más amplia que permita comprender, junto con toda la Iglesia, el sentido pleno de los textos. Cuantos se dedican al estudio de las Sagradas Escrituras deben tener siempre presente que las diversas metodologías hermenéuticas se apoyan en una determinada concepción filosófica. Por ello, es preciso analizarla con discernimiento antes de aplicarla a los textos sagrados."
Juan Pablo II
Fides et ratio
14 de Setiembre de 1998
Para finalizar, los católicos durante el mes de septiembre debemos dedicarlo a iniciar el conocimiento y divulgación de los textos bíblicos, ya que quien se llame cristiano tendría que conocer la historia de la salvación y la Palabra de Dios, interpretadas auténtica y fielmente por el Magisterio de la Iglesia.
La Biblia, para todas las denominaciones cristianas, contiene la Revelación y es, como todo libro sagrado, la fuente del conocimiento y el compromiso de vida en lo referente a la fe.
Cada año, la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, la Iglesia Ortodoxa e Iglesias Evangélicas celebrarán el Mes de la Biblia.
Cada comunidad celebrará el mes con énfasis de acuerdo a su historia y tradición.
La Iglesia Católica Romana recordando a San Jerónimo, (a quien conmemoramos el 30 de septiembre), traductor de la Vulgata, la Biblia en lengua latina; la Ortodoxa haciendo memoria que fue en idioma griego que se escribieron los Santos Evangelios y los demás libros del Nuevo Testamento y las Iglesias Evangélicas conmemorando la publicación, el 26 de septiembre de 1569, de la primera traducción de los Textos Bíblicos a la lengua española, traducción realizada por Casiodoro de Reina y conocida como la “Biblia del Oso” ya que en su portada estaba representado dicho animal.
Muy pocos saben que esta Biblia, pese a ser fruto del trabajo de un activo protestante contenía todos los textos propios de la Biblia Vulgata latina de San Jerónimo, mencionada al inicio, que es el texto oficial de la Biblia para toda la iglesia católica romana.
Algo de historia
La palabra Biblia se origina, a través del latín, en la expresión griega τα βιβλ?α τα ?για (ta biblía ta haguia; los libros sagrados), acuñada por vez primera en I Macabeos 12:9, siendo βιβλ?α plural de βιβλ?ον (biblíon, ´papiro´ o ´rollo´, usado también para ´libro´). Se cree que este nombre nació como diminutivo del nombre de la ciudad de Biblos (Β?βλος), importante mercado de papiros de la antigüedad.
Esta frase fue empleada por los hebreos helenizados (aquellos que habitaban en ciudades de habla griega) mucho tiempo antes del nacimiento de Jesús de Nazaret para referirse al Tanaj o Antiguo Testamento. Muchos años después empezó a ser utilizada por los cristianos para referirse al conjunto de libros que forman el Antiguo Testamento así como los Evangelios y las cartas apostólicas, es decir, el Nuevo Testamento. Para ese entonces ya era común utilizar las dos primeras palabras de la frase, τα βιβλ?α, a manera de título.
Ya como título, y habiendo perdido el artículo τα, se empezó a utilizar en latín como biblia sacra (los libros sagrados) y de ahí fue transmitido a las demás lenguas.
La Biblia es una compilación de textos que en un principio eran documentos separados (llamados "libros"), escritos primero en hebreo, arameo y griego durante un dilatado periodo de tiempo y después reunidos para formar el Tanaj (Antiguo Testamento para los cristianos) y luego el Nuevo Testamento. Ambos testamentos forman la Biblia cristiana. En sí la Biblia fue escrita a lo largo de aproximadamente 1000 años (900 a. C. - 100 d. C.). Los textos más antiguos se encuentran en el Libro de los Jueces ("Canto de Débora") y en el Pentateuco, que son datadas en la época de los dos reinos (siglos X a VIII a. C.). El libro completo más antiguo, el de Oseas es también de la misma época.
El canon católico romano de la Biblia que conocemos hoy fue sancionado por primera vez en el Concilio de Hipona en el año 393 de nuestra era, por la Iglesia Católica. Dicho canon de 73 libros (46 pertenecientes al llamado Antiguo Testamento, incluyendo 7 libros llamados actualmente Deuterocanónicos -Tobías, Judit, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc- y 27 al Nuevo Testamento) fue confirmado en el Sínodo de Roma en el año 380, y ratificado en el Concilio de Cartago en el año 397, y luego nuevamente confirmado por decreto en la cuarta sesión del Concilio de Trento del 8 de abril de 1546.
Versiones castellanas de la Biblia Católica
Vienen éstas de la traducción hecha por San Jerónimo (Dalmacia, Yugoeslavia, 342-420) al latín, versión oficial de la Iglesia por casi 15 siglos. El primer intento estuvo a cargo de la corte del Rey Alfonso X, El Sabio, en 1280, conocida como la Biblia Alfonsina; en 1430, el Gran Maestre de la orden de Calatrava, Don Luis de Guzmán, patrocina a Mosé Arragel para realizar otra traducción, conocida como la Biblia de Alba.
En 1944 se publica la llamada de Nácar-Colunga, publicada por la Biblioteca de Autores Cristianos que no usa la traducción de la Vulgata como fuente si no usa los originales.
La Biblia de Jerusalén aparece en 1967, también basada en los textos originales. La primera edición de la Biblia latinoamericana, con el lenguaje propio de la región, es editada por primera vez en 2001. En el año 2005 se presentó, tras 33 años de trabajo, la Biblia de Navarra, para hacerla se tomaron como fuente los textos originales en hebreo, arameo y griego.
A continuación podrán encontrar enlaces a sitios de interés bíblico y que cuentan con varios recursos útiles para la Animación Bíblica de la Pastoral: